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lunes 29 de septiembre de 2008

La victoria aplastante de Correa

Lo que es innegable es que algo ocurre en América Latina. La situación geopolítica actual nunca se ha dado hasta ahora. Toda el área (con las excepciones notables de Colombia -donde se vive una guerra civil-, México -donde Calderón venció por la mínima y de forma cuestionable al candidato de la izquierda- y Perú -que se suma a alguno de los pactos-) comparte un discurso que resulta, al menos, novedoso en las palabras. Se habla de inclusión, de reconocimiento de derechos, de soberanía, de relaciones regionales, de dignidad y, sobre todo, de erradicar el devastador neoliberalismo que arrambló, de forma especialmente cruenta, con estas sociedades en la época de los noventa.

Sin duda, este espíritu de cambio comienza con la llegada de Hugo Chávez como Presidente democráticamente elegido en Venezuela. A partir de él, poco a poco, se ha extendido por la región un nuevo discurso que rompe con lo anterior y que comienza a buscar mayor independencia de EEUU y la reconstrucción de un Estado que se encontraba en coma permanente.

La victoria de Rafael Correa es un añadido más a esta proceso. Si hace semanas ya ocurrió en Bolivia (con la reafirmación implacable de Evo Morales), ahora Ecuador refrenda la nueva Constitución con un porcentaje de votos afirmativos cercano a los dos tercios. Un respaldo prácticamente impensable en cualquier democracia europea. De ahí que los cuestionamientos efectuados por algunos líderes occidentales sobre la legitimidad de estos mandatarios latinoamericanos suene a mofa cuando no a falta de respeto a los propios pueblos.

Aunque la ya nueva Constitución encubre algunos riesgos, no deja de representar un importante punto de quiebra en la historia política del país. Ya sólo sea por el respaldo que ha obtenido, merece la pena reflexionar sobre la necesidad que el pueblo tenía de dotarse de un nuevo sistema político. Ahora Correa deberá saber conservar ese apoyo aglutinado y no derrochar el caudal de confianza que le fue otorgado. Además de tener la suficiente inteligencia como para leer la situación actual del país, apreciar la importancia de los apoyos críticos (en especial, el de los grupos indígenas) y saber pactar para lograr los recursos esenciales que lleven a buen término las profundas y urgentes transformaciones socio económicas que el Ecuador demanda. Y todo ello, sin dilapidar el medio ambiente.

Asimismo, Correa se enfrenta al reto de volver a encontrar la comunión pasada con los movimientos sociales, frenar el papel predominante del ejército y rebajar la influencia de las ONGs y fundaciones extranjeras.

En todo caso, la victoria del "Sí" es una buena noticia para los pueblos de la región. Y un golpe más para EEUU, una potencia en declive, que en otra época hubiese frenado ya todo este proceso de transformación en su tradicional patrio trasero, ya fuese por la vía militar o por medio de la inteligencia. Sin embargo, el que no lo haya hecho, no significa que no lo haya intentado. Simplemente, es que, tal vez, ya no puedan. Aunque, a pesar de ello, no debe infravalorarse las nuevas tácticas desestabilizadoras patrocinadas por el vecino del norte, como la "media luna" boliviana o su intento de réplica en Ecuador, donde Guayaquil pasa por ser Santa Cruz...

Pero lo que está claro es que tanto teóricamente como en la práctica, América Latina representa hoy la vanguardia de los cambios que se dan en el mundo.

2 comentarios:

JOSÉ dijo...

A ver si actualizas pronto...

Nos vemos en análisis del comportamiento electoral.

Un saludo

Carlos González dijo...

Oye no me jodas, vas a escribir o qué?