Toda realidad descontextualizada puede terminar por parecer lo que no es. Y eso es lo que, machaconamente, ha pretendido hacer la mayoría de los medios de comunicación empresariales, al uno y otro lado del charco, con su tratamiento (des)informativo de todo aquello cuanto ocurre en Venezuela desde la llegada -refrendada por las urnas- de Hugo Chávez a la Presidencia de la República en 1999. Con la agravante de que el paso del tiempo (y la consolidación del apoyo popular al proyecto bolivariano) ha degenerado en una histérica manipulación, malintencionada, de lo que sucede en el país caribeño.

La cobertura medíática del referéndum celebrado el pasado domingo no podía ser una excepción. Y, una vez más, se ha podido ver, leer y escuchar cómo Chávez era etiquetado de "dictador", "tirano" y hasta de "gorila". ¿Su acto antidemócrata? Convocar al pueblo a una consulta directa. ¡Gran atentado contra la democracia!
Tal es la presión ejercida por los medios privados (y públicos en ocasiones) que hasta sectores más o menos progresistas de la bienpensante membresía europea han terminado por caer en la trampa de la hegemonía, ésa que supone remar en la dirección del sentido común imperante, construido por las corporaciones propietarias de las empresas informativas. Ello ha provocado la generalización de una crítica chulesca y hasta faltona, basada en la sesuda argumentación de propagar improperios contra el Presidente de Venezuela por ser lo políticamente correcto.
Un mínimo vistazo a la historia venezolana previa a la llegada de Chávez al poder produce un perenne sonrojo cuando la oposición habla del "pueblo venezolano", de los "pobres" o hasta de la "corrupción". ¿Pueblo venezolano? Al que ignoró. ¿Pobres? A los que fomentó y segregó. ¿Corrupción? La que cultivo. Tal vez, a eso se refieran.
¿Qué hoy existe corrupción? Por supuesto. Un cambio de Gobierno no supone el fin de unas prácticas clientelísticas que, tras casi dos siglos, enraizaron en el endeble Estado venezolano. Eso no ha impedido una lucha decidida contra estas costumbres, que aún perviven, pero que, al menos, se han visibilizado.
¿Qué Venezuela tiene pobres? Por desgracia. Pero hoy son menos y los que lo son, son menos pobres. Aunque, si bien, como nunca antes, ahora se les tiene en cuenta. Tanto como que el basamento sobre el que se asienta el proyecto bolivariano lleva su nombre.
¿Y el pueblo venezolano? Se expresa. Una y otra vez. Y, con el refrendo del domingo, de nuevo, lo ha vuelto a hacer. Y, de nuevo, ha apoyado a Chávez.
En términos formales, la consulta no suponía ningún terremoto político. Abre la posibilidad de que cualquier funcionario del país pueda presentar su candidatura tantas veces desee a un cargo público electo. Condición que no es extraña, por ejemplo, en España. Sin embargo, en términos políticos significaba un momento clave.
Se trataba de saber si en Venezuela decir Hugo era decir Pueblo.